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RELATO: La carta

foto de Delwin Steven Campbell
Fue casi un honor para aquel novato que el más antiguo de los carteros le solicitara su ayuda. Aprovechando que se quedaron a solas en la sala de descanso, o quizá habiéndolo planeado, lo abordó.

-Javier, necesito que localices a una persona y le entregues una carta.

El joven sonrió.

-Eso es lo que hacemos, ¿no? Somos carteros.


El cartero veterano, Don Severino, del que se rumoreaba que comenzó a trabajar allí antes de que se utilizaran ordenadores, sacó un sobre doblado con el inconfundible sello de "Falta franqueo" estampado. Lo colocó en la mesa, justo en frente del joven, que lo examinó sin llegar a tocarlo.

-No tiene dirección.- comentó casi mecánicamente.- sólo un nombre: María José.
-Si la tuviera no te necesitaría.


Javier dudó. No le podía estar pidiendo que localizara a una mujer en toda la ciudad solo conociendo su nombre de pila.

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RELATO: Experiencia cercana a la muerte

Foto de Troy Mason 
Aunque era la habitación de una residencia geriátrica parecía un pequeño apartamento. Casi no había objetos personales con la excepción del regalo que le entregaron el día de su jubilación, una reproducción a escala del primer avión que ayudó a diseñar. Obviamente aquella habitación tenía su coste, pero todo lo soportaba el plan de pensiones que había pagado, y bien pagado, durante toda su vida. Así había sido Antonio, previsor, metódico y con un claro plan de vida. No es que hubiera planificado el fin de sus días en una residencia, solo estaba previsto en su póliza en caso de una contingencia, como la que había le había sucedido semanas anteriores: un infarto y de los graves. Había estado varios minutos clinicamente muerto y gracias al esfuerzo del equipo médico pudo ser reanimado. Aunque ya le habían dado el alta hospitalaria decidió pasar una temporada en la residencia, donde estaría mejor controlado, era solo temporal.


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RELATO: Ocho enanos y un mago

(de Marissa Anderson)
En un pequeño pueblo de Málaga, no muy lejos de la carretera nacional 340 que va paralela a la costa mediterránea, pasé una tarde bastante entretenida. Podría decir que la suerte del destino me llevó allí, pero más bien fue la mala suerte de la mecánica. Justo al entrar en la plaza del pueblo mi viejo ford fiesta heredado de mi padre, y que este a su vez lo adquirió habiendo dejado atrás sus mejores años, empezó a echar tal cantidad de humo por el capó que perdí la visibilidad y tuve que parar obligatoriamente. Lo afortunado del momento vino porque lo primero que vi al salir del coche fue un taller mecánico y, justo al lado, un bar.
Mi entrada al pueblo no pudo ser menos discreta. Aparte del ruido y del humo, mi pinta de dominguero no dejó indiferente a ninguno de los pocos clientes sentados en la puerta del bar. La piel blanca de mis pantorrillas al aire junto con las “converse all star” amarillo chillón que calzaba me otorgaban la etiqueta de turista a kilómetros de distancia. Además, la camiseta de la película “El Hobbit” disipaba cualquier género de duda.
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Relato: La Cena

Vino, jamón y aceitunas
(de Brunosan)
Aquella cena era bastante peculiar, por un lado se reunían personas que ni por asomo lo hubieran hecho en otras condiciones, y por el otro, tenía unos motivos bastante inusuales. Hacía un mes exactamente que había muerto D. Elisardo de la Ventorrilla, conde del Guadalhorce, y aún no se había repartido la parte mas importante de la herencia. Los interesados eran los dos hijos varones del conde, Elisardo Junior y Ernesto; la viuda de su hermano, Florinda; el fiel chófer de toda la vida, Domingo, y el mozo de cuadras de la finca de verano, Francisco.

Los comensales alrededor de la mesa se miraban en silencio, sin atreverse a hablar unos y sin dignarse a hacerlo otros. En una mesa auxiliar lo observaba todo el notario D. Alejandro Sánchez, ajeno a cualquier tipo de disputa y sin el más mínimo interés por la herencia mas allá de lo que su minuta establecía.
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Relato: El Abuelo

(nota: si te gusta escuchar música mientras lees dale al play. He añadido un enlace a Jamendo, un servicio gratuito de música para nuevos artistas)
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El tiempo pasaba lentamente sentado en aquella vieja mecedora. Tan despacio que solo la experiencia de sus setenta y seis años podía soportarlo. Un día tras otro pasaban frente a su porche. Cuatro años atrás decidió desempolvar su libreta del trabajo para acompañarlo en sus días contemplativos.

pareado
Una casa cualquiera (de Sailorbill)


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La estación (I)

foto de sphansen
El sonido que produjo la camarera al dejar el platillo con el cambio sobre la mesa despertó a Daniel.

-Que vergüenza.- pensó a la vez que miraba hacia ambos lados.- espero que no se haya dado cuenta nadie.... o por lo menos que no haya roncado.

Se desperezó disimuladamente sin levantarse. Se había quedado traspuesto en la silla. Era bastante irónico haber dado una cabezada después de haber recorrido media ciudad para llegar a aquella cafetería. En la ciudad había cientos de cafeterías, pero un amigo le había recomendado el que sirven en la estación central. Le dijo que el sabor especial de aquel café era debido a que la máquina nunca se apagaba, estaba encendida de manera ininterrumpida desde el noventa y cuatro, año en el que reformaron la estación. La verdad es que el café no había merecido tantos desplazamientos, pero le había prometido a su amigo que lo probaría


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El sentido de la vida

(foto de Flowery L*u*z*a)
En el extremo exterior de la Vía Láctea, existe un planeta habitable, esto es, lo suficientemente cercano a un sol para no congelarse y lo suficientemente lejano para no vaporizarse. Las proporciones de gases, agua y tierra también son las adecuadas. Desde hace millones de años existe la vida en dicho planeta. De hecho, la especie dominante, los Mapus, como se refieren a ellos mismos, han desarrollado pequeñas sociedades poco evolucionadas. Aún son pocas tribus las que merodean, abrigados por pieles en el largo invierno, por el único continente de dicho planeta.






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Un día especial

Foto de Vanessa Pike-Russel
-¡Buenos días! ¡Buenos días!.- dijo Sandrita, saltando sobre la cama.
-¿Qué sucede?.- le respondió su padre, aún adormilado, buscando las gafas en la mesita de noche.- Son las seis de la mañana, ¡y es domingo!
-Anda Sandrita, querida, duermete un ratito.- añadió la madre sin volverse.

La pequeña niñita pelirroja, con su pelo indomable, más aún a esas horas de la mañana, dejó de saltar y miró a sus padres intrigada.

-Pero, ¿es que no sabéis que día es hoy?
-Domingo, ya te lo he dicho. ¡Y hoy no hay que trabajar, ni ir al colegio! ¡El único día que puedo levantarme tarde!.- respondió el padre, tapándose la cara con la almohada, un signo inequívoco de lo que realmente quería era tapársela a la niña.
-No... me refiero a que día del año.- respondió tranquilamente Sandrita.
-uffff.....catorce de Marzo, y no es ningún día especial.- dijo el abnegado padre desde debajo de la almohada.

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Ocho euros media hora

Barberia
Imagen de Pinomoscato
Ocho euros por un corte de pelo y media hora de conversación, esa era la tarifa de José. Mitad estilista mitad confesor, había pelado a los hombres de aquel barrio durante los últimos treinta años. Por aquella silla pasaban los personajes mas opuestos, gente de derechas y de izquierdas, pudientes, necesitados, honorables, no tan honorables… a todos trataba por igual.

Otros barberos habían abierto negocios en el barrio, incluso en la misma calle. Grandes salones de belleza unisex, franquicias comerciales especializadas en caballeros, algún que otro emprendedor con suficiente capital, todos con la misma idea en la cabeza, quedarse con todos los clientes de aquella pequeña barbería de barrio. José, había visto como los clientes, al menos temporalmente, lo abandonaban.

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El inicio

Trescientas catorce personas me precedian en la cadena de mando. Trescientas catorce personas que murieron en transcurso de cuatro meses, en escrupuloso orden de jerarquía. Cualquier policía, investigador o simple aficionado a las novelas de Agatha Christie vería un sospechoso patrón que apuntaba hacía mi persona, por cierto, nada mas lejos de la realidad.

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Salvación

(foto cortesía de mulad)

Mientras avanzaba por el pasillo que daba acceso a las dependencias del actual regente, al cual Dimitri iba a suceder, no podía dejar de recordar una y otra vez las palabras que tantas veces había escuchado desde pequeño.

-Catorce generaciones de científicos te preceden, tanto en tu árbol genealógico como en el puesto que ocuparás. Haz que todos se sientan orgullosos.- Le decía su madre desde un rincón de su cabeza.

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